"Al llegar a esa desértica ruina, los pensamientos eran todos negativos. Era de esperar, claro. Era un gran trozo de tierra, con unas salvajes hierbas merodeando por los alrededores. La casa tenía no más que unos ladrillos, cemento y una pobre capa de pintura. Esa era la primera impresión de aquel campo. Nuestro campo.
Conforme pasó el tiempo, no nos preocupábamos de su apariencia, sino de los gratos momentos que pásamos todos juntos. Eso era una verdadera piña. Algo único e irrepetible (demostrado por la experiencia actualmente). Comidas, cenas, fiestas, noches, días, celebraciones especiales... siempre era el campo. Me acuerdo de las fotos que siempre tenía etiquetadas en mi red social... todas eran destino a "el campo". Sonreía como un niño. También disfrutaba como lo hacen ellos, bueno, como lo hacemos nosotros.
Yo siempre capté como especial cierto lugar del campo. Era un balancín oxidado, reconstruído manualmente por nosotros con un... ¿colchón?. Algo así. Lo interesante está aquí: pese a su vejez y su aspecto antiestético, era el lugar en el cual pásabamos más rato. Acompañado siempre, por ellos o por ellas, da igual.
Entablábamos conversaciones históricas, de esas que recordarás en el futuro, un día en el que se juntan todos los amigos. Conocías a las personas. No hablo de conocerlas mejor porque te cuenten más intimidades y secretos, sino porque los sentimientos y las emociones no hacía falta que fueran en conjunto con palabras. Una mirada lo podía decir todo. Era algo tan profundamente especial...
Día tras día, tus pensamientos se centraban en algo concreto, tal como: "quiero ir al campo para sentarnos en el balancín y hablar, largo y tendido, el tiempo que sea necesario".
Gracias a ese balancín conocí a las mejores personas que tengo hoy en día. Mis amigos. Amigos de los que puedo escribirte más de lo que crees, de sus miedos, de sus alegrías y de toda su vida en general, pese a que no he estado mis 18 años a su lado.
A ellos les doy las gracias por centrar su felicidad en mí. Por compartir mil momentos en mi balancín preferido, por apoyarme y darme cariño cuando he estado triste y, sin duda alguna, por haberme confiado todo lo que sé y darme la oportunidad de poder cavar un hueco en sus vidas".
PD: Tampoco olvidaré las posdatas de todas la fotos que hacíamos para ir al campo.
Podría estar aquí sentado más de lo que creo porque las palabras que escribo, no tiene origen en una mecánicas de mis manos, sino en muchos sentimientos de mi corazón.
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